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La revuelta fue corta.
Albizu tenía una paloma en un ojo
y un gato azul en el otro.
Parado sobre su muerte narcisaba
y soñaba flamboyanes de fuego.
Su corazón no se rindió al amor,
ni se rindió a la muerte.
Era solo como un muerto amanecido
antes de tiempo,
antes de ahora,
antes de ayer
junto a las moscas.
Llamó a los sueños
(a las furias, al imposible)
y los sueños lo devoraron
palabra a palabra
en el deseo.
La revuelta fue corta.
Los sueños le atravesaron
la esperanza. |