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Alza
los párpados, mujer,
y mira;
mira de frente, con
el alma abierta;
tanto has dormido en
soledad..., ¡despierta!,
duerma el silencio
ya, pulse la lira.
Revolotean coplas,
se retira
la tristeza a su
cueva, está desierta
de temores la casa,
y a la puerta
aire de primavera se
respira.
Tiemble tu mano al
tacto de mi mano,
y en las teclas de
piel de tu piano
mis dedos crearán
nueva armonía.
Abrete a mí, pupilas
vinculadas,
labios, senos,
rodillas separadas,
mujer
irreversiblemente
mía.
Vengo sobre las alas
de la aurora
a ti, que de tan
sola no has dormido;
mírame sin palabras;
extinguido
sigue todo murmullo
en esta hora.
La luz no entiende
de rumor, ignora
cuanto vibra, el
silencio es su
sonido;
ella me guía, y de
silencio ungido,
a tu piel impaciente
me incorpora
Si la noche fue
larga, desvelada,
más se dilatará esta
madrugada,
eslabonando al fin
noches y días.
Qué amanecer tan
claro, tan extenso,
oyendo lo que
piensas, lo que
pienso,
sin palabras
decrépitas, vacías.
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