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Veneno
de odio en las venas, maldiciones y rencor,
horror de guerra en el alma por falta de
comprensión.
Corona de niños muertos, madres clamando a
su Dios,
rodillas ensangrentadas, lamento
desgarrador:
son destrozos que han quedado de esta guerra
tan atroz.
Vida joven cercenada sacrificada al azar;
un futuro promisorio que jamás alcanzará...
Madres tristes enlutadas, hogares sin
pedestal,
niños solos en el mundo: ¡Laurel de guerra
triunfal!
Negro manto vela el rostro cual oráculo al
dolor.
¡Frágil Madre! La agonía en su pecho se
anidó.
Pasa cuentas por sus dedos como palomas de
amor.
Sus manos entrecruzadas confiando en su
amado Dios.
¿Esto es la guerra? ¡Dios Mio! ¡Qué
doloroso, Señor!
Implora en su dulce angustía e inmola su
corazón
con gritos desesperados, con grito
desgarrador:
por todo lo que termina, por lo que comienza
hoy...
un mañana tan ansiado, una caricia, un
adios;
¡por el beso de algún niño que dejó de ver
el sol!
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